Las gentes rurales cuidamos del territorio, fuente de vida para el pueblo y la ciudad. Recuperemos los trenes regionales para proseguir esta custodia vital
Jamás había vivido una manifestación así de concurrida, animada e intergeneracional aquí en mi pueblo, Aranda de Duero. El pasado 13 de junio llenamos la Plaza Mayor hasta arriba, más de 5,000 personas, reclamando la vuelta del tren directo Madrid – Aranda – Burgos, el corredor central, la línea más recta del centro al norte que nunca se debió abandonar. Como ninguna otra línea de ferrocarril regional de las que vertebraban nuestro bello país. Eso es unirse por lo común, la esencia de toda comunidad. Una identidad que incluye y no excluye, por la que merece la pena luchar con orgullo. La alegría compartida de esos momentos te transforma para siempre. Y, recuerda la Historia, transforma también la realidad si consigues movilizar a más del 3,5% de una determinada población con la intensidad y durante el tiempo suficiente. Medio año después aquí seguimos, tras habernos confraternizado de nuevo con el resto de plataformas ciudadanas por el tren rural, preparando una movilización que lo cambiará todo, como las tractoradas de los compañeros agricultores.
Somos el tomillo de nuestros montes, las truchas de nuestros riachuelos, las uvas acidillas de nuestras viñas, el “chupinazo” de nuestras Fiestas Patronales. No somos sin eso, sin nuestra cultura y naturaleza, inseparables caras de la misma moneda. Como bien dijo el Presidente de Samoa en la Conferencia de los Océanos de la ONU: “no somos gentes de un pequeño estado insular, sino de un gran estado oceánico”. Como bien dijo nuestro Alcalde en la Plaza: “No queremos ser ciudadanos de tercera, queremos los mismos derechos que en cualquier otra parte de España”. No habitamos pequeños pueblos, cuidamos de inmensos territorios. Tierras, bosques y humedales que nos dan alimento, oxígeno y agua. Lugares habitados por otras criaturas, tan dignas y maravillosamente imprescindibles como nosotras. Si algo bueno tiene el Antropoceno es el empoderamiento de saberse también una fuerza para el bien, para regenerar y devolver al equilibrio. Pero todo esto requiere personas, jóvenes que tomen el testigo de los mayores. Jóvenes que vuelvan con el tren, y con él hospitales, escuelas y empresas.
Todo depende de cómo y dónde empieces historia. No es lo mismo comenzar por los pobres niños de África que por el colonialismo devastador en su origen. No es lo mismo la España Vacía que la Vaciada. No tiene nada que ver el mundo rural marginado del que se habla, con el mundo rural en pie que se vislumbra. Recordemos también la necesidad de reconciliarnos campo y ciudad, falsa dicotomía. Si por los espacios urbanos discurre el conocimiento académico y el capital financiero, de los rurales emana el saber antiguo y la biodiversidad. Y todo fluye cruzando inexistentes fronteras, entrelazando nuestra interdependencia: energía, agua, materia, humanos y no humanos. Estimados representantes políticos nacionales: sálganse de sus ciudades-burbuja, visiten el campo, vean la realidad en el terreno, comprenderán porque los pequeños agricultores ya no pueden más, las comunidades rechazan los macro parques renovables de las eléctricas o porque aquí no aplica la tarifa gratuita de transporte público (¡porque no lo hay!) No, no somos ciudadanos de tercera, somos habitantes del paraíso. Cuando el asfalto abrasa las noches urbanas de agosto, aquí aún se duerme fresquito.
El centralismo, el AVE de las metrópolis empresariales a las turísticas, el apostar todo al transporte por carretera, el individualismo de los anuncios de coche sin atascos, el sálvese quien puede del capitalismo sin límites. Causas de una lenta erosión y muerte por asfixia del estado del bienestar, la resiliencia ecológica y la equidad territorial. Pero nunca es tarde, todo lo que se desmanteló en apenas unas décadas se puede recuperar, y mejorar de hecho, mucho más rápido si cabe. Nos sabemos las lecciones del pasado, tenemos más herramientas que nunca, y no vamos a esperar a nadie que no quiera subirse al ferrocarril de las oportunidades.
Se están retomando los trenes nocturnos por el viejo continente (aún recuerdo aquellas aventuras de Interrail … ¡eso unía Europa!) Francia ha prohibido los vuelos nacionales con alternativa ferroviaria. Para frenar el cambio climático debemos reducir las enormes emisiones del transporte (un tercio del total), aumentando radicalmente la penetración del tren para las mercancías, actualmente en un irrisorio 5% en España frente al 17% de media en Europa. Las empresas lo tienen claro, saben cuán vital es el tren y no irán, o no se quedarán, donde no lo haya.
Para adaptarnos al cambio climático y reducir drásticamente la epidemia de la contaminación, no queda otra que desmasificar ciudades y repoblar pueblos. Teletrabajo y coworking rural es un buen “combo” que proporciona una comunidad dinámica de acogida. Pero hace falta mucho más: infraestructuras y servicios públicos de calidad; buenas políticas de vivienda, educación y sanidad; incentivos empresariales y profesionales; emprendimiento sin trabas burocráticas y con apoyo financiero adecuado; formación y reconversión profesional adaptada a las necesidades reales del territorio. Y no es una carta a los Reyes Magos, es una llamada a la corresponsabilidad de todos.
No es necesaria la hiper-digitalización que nos vienen a vender, la economía real está basada en la naturaleza y en las personas, en lo que produce la tierra y tocan nuestras manos. La buena mezcla de tradición e innovación lo pondrá en la mesa y en la empresa. Mercadillos campesinos y comercio local por doquier para eliminar intermediarios globalizados. Sensibilización para comprar al pequeño y comer del momento y lugar. Pero sobre todo, lo que más falta hace, es dignificar el campo y sus labores. Levantar las autoestimas, dejar de pensar que lo rural es arcaico y de animar a los jóvenes a buscar una vida mejor en la ciudad. Que viajen, aprendan y exploren el mundo, porque es grande y hermoso; pero que vuelvan si quieren, porque esto merece la pena. Ya no tiene que ser tan duro como antes si nos unimos y ponemos los medios para ello.
Y eso, precisamente eso, es lo que está sucediendo: nos estamos uniendo personas y coordinando plataformas. Para mapear recursos disponibles, biodiversidad existente, saberes latentes, actores clave y compromiso. Para atraer talento, imaginar una visión compartida y un plan de acción que la materialice. Para recabar apoyos, recuperar el tren y el futuro con él.
“Un sueño de una persona es sólo un sueño. Un sueño de muchas es una realidad,” decía John Lennon. Somos 5,000. Seremos más. No pararemos hasta ver un día la juventud volver … ¡en tren!
