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Naturaleza de Ribera

De la Ribera del Duero para el mundo, por Jesús Iglesias Saugar

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Frente a la exponencial, el escalón: frente a la crisis climática, naturaleza por doquier

Posted on December 15, 2025January 1, 2026 by Jesus Iglesias Saugar


Frente al crecimiento exponencial de los impactos climáticos sólo cabe un cambio social masivo y repentino. Por suerte, la naturaleza es nuestra aliada.

Desde el verano de 2022 cuando empezamos a sufrir las recientes olas de calor interminables, los españoles estamos cambiando drásticamente nuestros patrones vacacionales en verano. Ya no nos dirigimos al Sur o al Levante, vamos al Norte. En Galicia, Asturias o Cantabria lo saben bien, dada la explosión en los precios del sector inmobiliario fruto del pico de demanda. Así funcionamos los humanos y el resto de seres vivos: nos comportamos de una determinada manera mientras las condiciones ambientales y del entorno se mantienen dentro de un determinado rango. Cuando se salen, cuando se sobrepasan determinados umbrales, cambiamos de comportamiento de manera sustancial, incluso drástica y abrupta si necesario. Pasó en la pandemia, pasa en las guerras y desastres, está pasando ahora con los desplazamientos turísticos, que más pronto que tarde tornarán en migraciones, mucho más dolorosas y conflictivas, si no actuamos como debemos.

Todos los estudios que presuponen comportamientos lineales y progresivos, que evalúan un único “sector” económico (clásica e incompleta visión de túnel), para intentar predecir como afectará al turismo en España, por ejemplo, la subida de temperaturas, en aras de tranquilizar a inversores, no sirven de nada. Simplemente porque no funcionamos así y porque la emergencia climática no nos permitirá funcionar así. El mundo por encima de 2,8ºC de calentamiento global medio (4ºC en España) al que nos podríamos dirigir (sin un cambio radical de rumbo) no se parecerá en nada al que conocemos, y por tanto no nos sirven ni las herramientas ni los enfoques actuales. Con cada décima de grado se multiplican los impactos climáticos, se disparan exponencialmente la frecuencia y virulencia de olas de calor, lluvias torrenciales, sequías, plagas, etc. Hablamos de un planeta poco habitable, hostil a una civilización humana depredadora que lo saca del equilibrio, donde no habrá turismo estival, ni seguridad alimentaria, ni agua potable para todos. Para entenderlo mínimamente, basta conversar con los bomberos que se están enfrentando a la nueva generación de incendios forestales por encima ya de las capacidades humanas, o con las personas que sufrieron la devastación súbita de la DANA de Valencia y vivieron para contarlo.

La respuesta a la exponencial es el escalón. Frente la propagación exponencial del Coronavirus nos confinamos de repente, sin dudarlo, dejando todo lo demás de lado. Eso es actuar frente a una emergencia. La emergencia climática y ecológica aún no la hemos reconocido como tal, ni mucho menos estamos actuando a la altura, en cuanto a respuesta consciente se refiere. Sí se atisba ya en la respuesta inconsciente: el “turismo climático” hacia el Norte es una señal clara de que las grandes ciudades, especialmente, ya no son demasiado “amigables” en verano. De ahí al “poco habitables” no hay demasiado. Las especies animales llevan ya un tiempo migrando en masa al Norte. Migrar es el último recurso, el de la desesperación. No olvidemos eso nunca cuando nos relacionemos con personas migrantes. No dejaron atrás sus vidas y seres queridos por placer.

El futuro nunca está determinado y por tanto hay esperanza. Siempre. Lo veo cada día, en cada lugar donde voy a evaluar los proyectos de renaturalización, las Soluciones basadas en la Naturaleza con las que estamos (re)construyendo resiliencia climática, y que por fin comenzamos a implementar a una escala considerable, aún insuficiente, pero en rápido crecimiento. Potencialmente podemos estar incluso en la cola de la exponencial, a punto de despegar, si así nos lo proponemos.

La demanda ciudadana es innegable, los fondos de recuperación post-Covid de este último lustro se han aplicado en la buena dirección, si bien con muchos fallos, prisas e ineficiencias, derivadas de nuestra endémica burocracia, centralismo y favorecimiento de lo grande frente a lo pequeño, pero aún con todo en la dirección correcta. Hemos pasado la fase demostrativa, sabemos que funciona. Sabemos también que no hay receta única, que cada lugar y cada contexto es diferente y requiere de adaptación específica. Requiere experimentar, sin miedo.

Ahora toca escalar y replicar, con fondos propios, con modelos de negocio nuevos, midiendo y valorando el impacto social y ambiental tanto o más que el rendimiento económico. Con colaboración público-privada real y ágil. Unidos por lo común. A toda velocidad, pero sin dejar a nadie atrás. Nada fácil, pero posible. El arco moral del Universo es largo pero se inclina hacia la justicia, si luchas por que así sea, le faltó añadir a Martin Luther King.

Lo he visto en Pontevedra, donde erigiéndose sobre el sustrato de una población concienciada tras décadas de peatonalizaciones que han mejorado notablemente su calidad de vida, el movimiento ciudadano “Liberar o Gafos” (Liberar el río Gafos) ha conseguido lo impensable: revertir el urbanismo “pavimentador” de la España de los 70-80 que canalizó y sepultó el río a su paso por el centro de Pontevedra, y despavimentarlo, devolverlo a un cauce abierto y renaturalizado, para el disfrute de todos y de la propia biodiversidad urbana, reduciendo de paso el riesgo de inundaciones con márgenes inundables.

En Valencia, donde tras desviar el cauce del río Túria en los 70 por las catastróficas riadas del 49 y 57, se propuso reconvertirlo en una inmensa autopista hacia el aeropuerto, pero gracias a la movilización vecinal, en su lugar se dio cabida al espectacular “Jardín del Túria”, casi 10 kilómetros y 160 hectáreas de eje verde vertebrador por todo el centro de la capital valenciana, tan usado (deporte, música, baile, cultura…) y querido por su ciudadanía.

En Málaga, donde la plataforma ciudadana ‘Bosque Urbano Málaga’ con fuerte apoyo de vecinas, comerciantes, expertos y academia, lleva años diseñando, promoviendo y plantando un bosque urbano biodiverso, inclusivo y accesible para todas las personas, especialmente del distrito oeste, superpoblado pero apenas sin zonas verdes. La movilización continua y gracias a varias campañas de crowdfunding y reveladores documentales se ha conseguido parar (de momento) el proyecto faraónico de mega torres de oficinas y viviendas que promueven los grandes intereses privados. La pelea sigue y esa es la clave: masa crítica y perseverancia temporal.

En Barcelona, donde las supermanzanas, recibidas al principio con reticencia social, ahora son admiradas por el vasto espacio público recuperado (para la renaturalización, la movilidad activa, la socialización, el arte callejero) y nadie quiere volver atrás. Del infundado miedo al cambio, a la irrefutable mejora en el bienestar de todos.

En Aranda de Duero, mi tierra, donde tras años de retroceso en el asociacionismo y la participación ciudadana en las decisiones públicas, el Ayuntamiento ha dado un gran paso con el proyecto “Urban Living Labs: la ciudad como aprendizaje”, abriendo espacios ciudadanos de diagnóstico y propuesta de iniciativas colaborativas de regeneración urbana. Varias cosas se han vislumbrado ya: las ganas de tomar parte en su propio futuro, la necesaria reconciliación entre los tiempos de administración y ciudadanía, y el “más naturaleza por favor y por doquier”.

Como se observa, el ingrediente secreto y omnipresente, el motor de todo, es la sociedad civil concienciada, organizada y movilizada. Y de la mano, unos gobiernos locales valientes, dispuestos a co-gobernar y co-gestionar con la gente.

Demos el gran salto adaptativo, evolutivo de hecho, pues si hay un segundo ingrediente imprescindible es la colaboración multi-agente por el bien común. Y un tercero también: generar medios de vida alternativos, los famosos empleos verdes y de calidad, anticipados tiempo ha por la transición ecológica justa. Como claman muchos líderes de pueblos indígenas: “no podemos pedir a nuestra gente que se movilice eternamente contra la economía fósil y marrón que les da (apenas) de comer, es nuestro deber ofrecerles algo mejor a cambio.” Ese es el reto. Para cambiarlo todo nos necesitamos todos. Si vosotras levantáis un bosque urbano en vuestra Málaga. Si nosotros incorporamos la viticultura regenerativa en todas las bodegas de nuestra Ribera del Duero. Si ellas renaturalización y peatonalizan su Barcelona. Si entre todos repoblamos y revivimos el mundo rural. Si dejamos de consumir y extraer, para cuidar y compartir. Entonces y sólo entonces lo conseguiremos.

No vamos a esperar a más cumbres climáticas.

Amor y rebelión.

Jesús Iglesias Saugar.
Ser humano, amigo, emprendedor social, ribereño.

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