Nada como pasar un mal trago para cambiar de rumbo y, con un poco de suerte y mucha consciencia, caminar hacia un lugar mejor
2025 ha sido un año difícil, de los más difíciles que recuerdo. Y sin embargo aquí estoy, plenamente decidido a aprender de la experiencia y aprovechar la oportunidad para reinventarme, para mejorar como ser humano, amigo y compañero. La vida es demasiado corta como para no aprender las buenas lecciones que te ofrece. Como para no hacer de esos momentos los puntos de inflexión donde pararse a reflexionar para recordar y reafirmar tus valores, objetivos y prioridades, y lanzarte de nuevo a por ellos, con más fuerza y convicción si cabe, pero con la sabiduría de las pruebas ya superadas. Aquella inscripción en el canal del Besòs entre Barcelona y Santa Coloma de Gramanet lo resume todo: “Vivir es intentarlo infinitas veces.” No es conseguirlo, es intentarlo, cada día un poquito mejor, apreciando el proceso, disfrutando cada paso.
Sí, no ha sido nada fácil, pero esas dificultades me han hecho darme cuenta de muchas cosas (viejas conocidas), descubrir otras nuevas y sobre todo seguir conociéndome a mi (proceso interminablemente maravilloso), a las personas con las que tengo la suerte de compartir viaje, y al mundo a nuestro alrededor. Como mínimo he comprendido algo esencial: olvidarte de lo importante es un error garrafal. O dicho en positivo: haz girar tu vida en torno a lo que realmente te hace feliz. En mi caso, y supongo que en el de mucha gente, lo que llena mi corazoncito de alegría es bien sencillo: compartir la vida, con sus pequeños y grandes momentos, e intentar hacer un poquito más fácil y justa la de los demás, quizás incluso la de las generaciones por venir, si eres un poco ecologista como yo jeje.
“Éxito en la vida es tener amigos,” escuché decir a Maruja Torres en una entrevista hace apenas un mes. Que mensaje más esclarecedor a la par que simple. De verdad que me ha cambiado la vida recordar esa máxima. Imaginad si inculcáramos esa idea como eje central de la educación de base, no en los libros de texto o pantallas (que detesto), sino predicando con el ejemplo nosotros mismos para que las niñas y niños se inspiren y hagan de ese objetivo vital el suyo. Imaginad como sería el mundo, cuán distinto, cuán bello. Pues bien, dejemos de imaginar y hagamos que suceda. Ahora y aquí, en 2026, en mi pueblo y en tu barrio.
Sí, he pasado una época demasiado centrado en mi proyecto profesional, queriendo que las cosas ocurran demasiado rápido, cuando aquí en el medio (semi)rural todo va despacio, con lo positivo y negativo que eso tiene. Sobre todo positivo, pues la lentitud, el tomarse el tiempo necesario (y más) te hacer saborear y disfrutar de todo mucho más…. La familia, los amigos, la comunidad, eso es lo que importa, el resto puede esperar.
La ambición por alcanzar metas, esa eterna insatisfacción que Michelle reprochaba con razón a Barack (Obama): “ya has hecho bastante por el mundo hoy, dedícate a tu familia ahora.” Supongo que algo de eso tengo también, mezclado con un pelín de complejo de superhéroe: esas ganas locas de justicia global, de cambiar el “sistema”, de echármelo todo a la espalda y tirar del carro. Gestionarlo debo para que no me coma el monstruo. Y así lo voy a hacer, sin machacarme tampoco, recordando siempre que soy humano y tengo límites, defectos, fallos, errores, millones cada día. Y sin embargo eso es lo que me hace, te hace y nos hace incomparablemente vulnerables, humanos. Autocompasión, palabra nueva que he aprendido y me gusta. Voy a intentar aplicarme el cuento.
Sentido del humor, reírse hasta de uno mismo, con la perspectiva y tranquilidad que da el tiempo transformado en auto-confianza, algo que jamás perdí, aunque quizás llegué a dudar por algunos instantes este año, pero que ha salido refrendada. Es la base de todo, confiar en uno mismo primero, para confiar en los demás después. Confiar siempre en los demás, darles una y dos oportunidades (tres a veces ya son muchas jeje). Perdonar, cuánto cuesta en la práctica, pero cuán liberador su efecto. Transformar la rabia o frustración en (bio)combustible para alcanzar tu mejor versión, otro de mis grandes descubrimientos del año.
En aquella famosa carta a un amigo de un escritor americano cuyo nombre no recuerdo: lo que nos hace felices no es conseguir los objetivos, pues estos cambian con el tiempo según cambiamos nosotros también, sino los estilos de vida, el día a día, el centrarte de pleno en tus prioridades. Pasar tiempo de calidad con los tuyos, y con otros, pues conocer gente nueva siempre es un regalo. Y eso es todo, no hace falta nada más, teniendo cubiertas las necesidades básicas, por supuesto, que se nos suele olvidar ese enorme privilegio que tenemos algunos.
La vida es como un partido de tenis, que diría Rafa Nadal. Se juega set a set. Puedes perder un set, pero si al final estabas recuperando sensaciones, jugando mejor, quizás incluso probando una nueva estrategia, probablemente comenzarás el siguiente en una línea ascendente, con energías y confianza renovada. Set nuevo, partido nuevo. Año nuevo, vida nueva. El pasado como lección, nunca como prisión. Y a jugar, que son dos días.
Esos son, en síntesis, mis propósitos para el año nuevo: cuidar de los amigos y la familia, pasar buenos momentos a su lado, hacer nuevos amigos, y seguir luchando por un mundo mejor cada día, aquí en mi Ribera del Duero, con mi gente; pero con calma y buena letra, disfrutando de las pequeñas victorias y de las derrotas también, con humor y buena vibra. En lo concreto, también quiero dedicar más tiempo a pasiones olvidadas mías como escribir (un libro quizás), leer, bailotear (que no bailar), canturrear (el rey del karaoke!), e incluso hasta tomarme el placer de (intentar) cocinar. Y no sé si me dará ya para aprender a tocar la guitarra, instrumento que me resuena en el alma.
Elogio de la metamorfosis, que dirían los buenos de Edgar Morin y José Luis Sampedro, mi mentor del 15M. No sé si saldrá mi mariposa en el 26 o en el 27, pero mariposa o gusano, este Burgalés aguerrido estará siempre a vuestro lado 🙂
